Esta propuesta no debería plantearse como una terapia ni como una obligación de hablar de sentimientos. Sería un espacio voluntario de confianza en el que trabajar la expresión personal mediante juegos, música, teatro, dinámicas grupales o conversaciones facilitadas por profesionales.
El objetivo sería normalizar la expresión de emociones, fortalecer las relaciones y facilitar que los jóvenes puedan pedir apoyo cuando lo necesiten. Es importante establecer límites claros de confidencialidad y disponer de profesionales de referencia si aparecen situaciones que requieren atención especializada.